El Sentimiento de Fracaso

Todos tenemos alguna vez sentimientos de fracaso. Dichos sentimientos pueden ser ocasionales, es decir, circunscribirse a una situación o periodo temporal concreto o, por el contrario, extenderse e invadir toda nuestra identidad, a generalizarse a todo momento o situación de nuestra vida.

El primer caso, lo podemos observar en situaciones cotidianas como suspender un examen, perder una oportunidad, sufrir un despido o el abandono de alguien o pasar una racha de mala suerte. En estos casos, la sensación de fracaso suele ser momentánea, situacional y temporal. Sin embargo, cuando el sentimiento de fracaso es permanente y afecta a todo nuestro ser, hablamos del sentimiento o sensación de fracaso vital.

Sentimiento de Fracaso

¿En qué consiste el sentimiento de fracaso?

Lo habitual es que el sentimiento de fracaso sea temporal, puntual, circunscrito a una situación o momento, como hemos indicado. No debería extenderse más allá de las circunstancias en que se ha producido, prolongarse excesivamente en el tiempo, ni afectar a nuestra autoestima, autoimagen o percepción de nosotros mismos.

Como psicólogos, sin embargo, sabemos que el problema lo encontramos cuando tras uno o varios fracasos perdemos la confianza en nosotros, de forma estable y definitiva, nos devaluamos, despreciamos y pasamos a sentirnos inútiles en general. O más aún, cuando sin haber sufrido fracasos relevantes, vivimos con un sentimiento de fracaso permanente y vital, que limita cualquier iniciativa y espontaneidad en la vida. Es decir, sentimos la perspectiva y anticipación del fracaso permanente. En estos casos, son habituales creencias tales como ‘no valgo para nada’, ‘soy un fracaso’. ‘soy un inútil’, ‘nada me sale bien’, etc.

Cuando el fracaso es un triunfo

Vivir con la creencia de ser inútil, de que nada en la vida saldrá bien o de que los éxitos son para otros, determina a lo largo de los años una imagen de nosotros en donde lo congruente, lógico y sensato sea fracasar. Así, por ejemplo, tener una buena relación de pareja, un buen trabajo, ganar dinero o sentir el cariño y respeto de los demás, es algo que apenas cabe como posibilidad si pensamos que somos inútiles o que valemos poco. Por eso, cuando logran algún éxito, estas personas se muestran incrédulas, desconfían o piensan que todo ha sido suerte o ha habido una equivocación. Se sienten incómodas con los logros, se creen impostores (ver El Síndrome del Impostor en este mismo Blog), no entienden que alguien les pueda querer, que sus compañeros de trabajo les puedan admirar, o se les considere inteligentes.

Así, por extraño que parezca, cuando uno se siente con poca valía, lo más congruente y cómodo es esperar fracasos, y no éxitos. En estos casos, el triunfo es un fracaso o, dicho de otra forma, lo congruente es que el fracaso sea un triunfo, es lo lógico y esperable. A este fenómeno se le llama disonancia cognitiva. A los seres humanos nos resulta insoportable vivir con sensaciones opuestas, que entran en conflicto y, de forma inconsciente e involuntaria, tendemos a reducir la disonancia, a buscar la congruencia, es decir, a fracasar. Esto explicaría el autosabotaje. En el fondo, es preferible destruir un éxito que vivir con el desasosiego de no merecerlo.

El autosabotaje lo vemos diariamente en nuestra consulta de psicólogos de muchas formas. ¿Quién no se ha demorado o procrastinado ante determinadas tareas u obligaciones que se consideran difíciles?, ¿Quién no ha sentido que estaba estropeando una relación de pareja estando muy enamorado/a?, ¿A quien no le ha costado estudiar un examen difícil y ha tenido que luchar contra constantes distracciones, miedo y anticipación de un suspenso?.

¿Cuáles son los síntomas del sentimiento de fracaso crónico o vital?

En general, los síntomas o manifestaciones más evidentes de este sentimiento o actitud de fracaso suelen ser:

  • Ansiedad ante tareas u objetivos que presenten dificultad.
  • Comparación constante con los demás.
  • Sentimientos de no valer, de no ser capaz.
  • Dificultad para plantearse objetivos deseados en la vida.
  • Tendencia a posponer tareas, a procrastinar.
  • Miedo e inseguridad ante la posibilidad de cambios.
  • Sentir que no se merece lo que se tiene o se ha conseguido.
  • Bloqueos en el rendimiento académico, laboral, artístico o deportivo.
  • Sentimientos de ‘impostor‘ cuando se logra algo, o ante una felicitación.
  • Resistencia a reconocer la propia valía valía personal ante los reconocimientos externos.
  • Sensación de que los demás son siempre mejores en todo.

Es decir, existe una auténtica ausencia de sensación de que las cosas vayan a ir bien en la vida, de que, al contrario que al resto de las personas, lo esperable y lógico es fracasar, no ser como se quiere o no tener lo que se desea. Un hecho curioso, es que estos pacientes suelen enfadarse cuando se les trata de reflejar sus méritos. Parece que la única forma de mantener una buena relación es aceptando, aunque no se comparta, su visión de sí mismos.

¿Cuál es la causa del sentimiento de fracaso?

Desde nuestra experiencia como psicólogos, cuando nos encontramos con un sentimiento crónico de fracaso vital, con expectativas muy bajas en la vida, podemos atribuirlo, o bien a diversas experiencias de fracasos importantes previos que han dejado una huella permanente de inseguridad personal,  a acontecimientos traumáticos (tales como agresiones o abusos actuales o pasados) que han destruido la autoestima, o a una historia o pasado infantil en donde no ha existido el refuerzo y valoración positiva suficientes por parte de los padres o cuidadores principales como para generar seguridad en la vida.

Un factor poco conocido en este sentido es el ambiente familiar transgeneracional. Existen familias ‘pesimistas’ o con espíritu ‘derrotista’ que, generación tras generación, han imbuido en el ambiente la sensación de limitación, de fracaso en la vida. Es como si flotase sobre todos el mensaje de ‘nosotros no estamos hechos para triunfar, para tener éxito, para lo bueno’. El no fracasar, en estos contextos, es casi una desobediencia, un gesto de rebeldía que altera la congruencia y la lealtad al sistema familiar. Una de nuestras pacientes, durante una de las sesiones, hablando de un personaje conocido en los medios, se preguntó ‘si no le daría miedo tener tanto éxito en la vida’.

¿Cómo tratar el sentimiento de fracaso?

Como psicólogos sabemos que en estos casos no hay nada como las ‘experiencias emocionales correctoras‘. Una parte importante de estos sentimientos están motivados por antiguos esquemas cognitivos y comportamentales. Es decir, se trata de actitudes arraigadas, automáticas que, inconscientemente, dirigen nuestros pensamientos y acciones reforzando negativamente nuestra autoimagen. Plantearse retos, desde los más pequeños a progresivamente más grandes, observando poco a poco los resultados, puede ayudar a un lento pero continuo cambio de nuestras creencias negativas y nuestra autopercepción.

Es evidente que, por el camino, encontraremos resistencias, disonancias cognitivas, como ya hemos indicado. Por ello, es necesario al mismo tiempo una psicoterapia individual que, con la ayuda de técnicas como el EMDR o las visualizaciones, acaben venciendo progresivamente esta actitud y visión de la vida. La psicoterapia ayuda, además, a conocer y comprender el origen para, de esta forma, poder reflexionar sobre uno mismo, sobre el pasado, y abandonar progresivamente estos viejos esquemas tan limitantes para una vida plena.

Fracaso vital

José de Sola
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Publicado en Medicina y salud, Psicología y salud.