La infertilidad en la pareja

Cuando una pareja tiene problemas para conseguir un embarazo se habla de infertilidad. Frecuentemente, aunque el embarazo se produce, no llega siempre a término porque lograr que culmine exitosamente no es tan fácil como parece.

Así, en una situación normal, una pareja en edad fértil con relaciones de forma regular sin ninguna precaución anticonceptiva, contaría con menos de un 20% de probabilidades de lograr el embarazo en el primer mes. Por ello, la imposibilidad de tener hijos puede ser una de las experiencias más difíciles en la pareja creando crisis importantes que afectarían el curso de sus vidas y de su relación.

¿A qué se debe la infertilidad en la pareja? 

Aproximadamente, en un 30% de los casos el origen de la infertilidad se debe a la mujer, en otro 30% se debe al varón, existiendo un 30% de situaciones en que el origen se encuentra en ambos. A esto se le denomina ‘esterilidad combinada’. El 10% restante de los casos se trata de una infertilidad de origen desconocido.

Además de las causas físicas detectables médicamente, existen otros factores externos como la edad, la ansiedad, circunstancias socioeconómicas, culturales y ambientales, como malos hábitos de vida, una incorrecta alimentación o el consumo de alcohol y tabaco, entre otros.

¿Cuáles son los problemas derivados de la infertilidad en la pareja?

El principal problema de la pareja ante la ausencia de hijos es la sensación de falta de plenitud, de sentirse incompleta e inferior frente al entorno, afectando en ocasiones el estado emocional, social, laboral, físico o intelectual de ambos.

Suele producirse una auténtica falta de comunicación ocultándose emociones importantes, pérdida de deseo sexual así como ansiedad y ánimo depresivo. A ello se unen sensaciones de culpabilidad y reproches irracionales, síntomas psicosomáticos, falta de sueño, problemas de alimentación o cansancio permanente. Cuanto más importante había sido como objetivo en la vida tener un bebé, mayor será la frustración y la pérdida de estabilidad en la relación.

CUANDO LA BÚSQUEDA DE UN HIJO SE CONVIERTE EN OBSESIÓN

Ser padres es uno de los alicientes más importantes cuando una pareja se constituye en familia. Sin embargo, no debería ser el único. Con frecuencia muchas parejas ante la imposibilidad de tener hijos entran en un estado depresivo que parece dejar sin sentido la propia relación que han creado. Y a partir de aquí se convierte en una obsesión; envidian a otras parejas con hijos, se emocionan cuando se habla de la paternidad o, en el peor de los casos, se culpan mutuamente llegándose a auténticas crisis.

Esta situación se debe a nuestra tradición religiosa y a la cultura que, inevitablemente, otorgan un sentido especial y priomordial a la paternidad y maternidad. Sin embargo, tener un hijo, aunque muy deseable, no puede convertirse en objetivo básico en la vida. Aun en el caso de tenerlo, la estabilidad psicológica personal y de la pareja será siempre muy frágil, dependerá de un hijo. Flaco favor se le hace a un niño que nace en estas condiciones; en el fondo acaba siendo el responsable de la felicidad de sus padres.

Tratamiento de los problemas psicológicos derivados de la infertilidad en la pareja

El principal problema derivado de la infertilidad es la propia estabilidad de la pareja. Cuando mayor haya sido el deseo y objetivo vital de ser padres peores son las consecuencias en la relación. Esta se ve frecuentemente afectada además por problemas psicológicos que afectan su calidad y solidez, pudiendo con frecuencia ponerla en peligro.

Si, una vez revisadas médica y psicológicamente todas las alternativas y posibilidades de fertilización y descendencia, su ausencia resulta inevitable, hay que reestructurar la percepción y planteamiento vital mediante una terapia de pareja, pudiéndose en algunos casos ser necesaria adicionalmente la ayuda de una psicoterapia individual con alguno de sus miembros.

Hay que tener en cuenta que aunque el objetivo principal y único de una relación de pareja nunca debieran ser los hijos, son inevitables las expectativas y planteamientos personales que, bajo influencias familiares, culturales o religiosas, han determinado un auténtico objetivo vital que finalmente no puede lograrse.