Ruptura y Divorcio de la Pareja

Una ruptura y divorcio de pareja, con la consiguiente separación, puede constituir tanto un drama como un alivio, dependiendo del caso y de la persona. Separarse de una pareja, a veces, constituye todo un reto para la salud mental. No hay que olvidar, que la necesidad de apego y pertenencia es una de las necesidades más fuertes del ser humano, lo que hace a veces, que sea muy difícil la separación.

Ruptura de pareja, divorcio, separación - De Salud Psicólogos - Psicólogos Málaga

¿Por qué nos separamos de la pareja?

Las causas que nos pueden llevar a la separación o divorcio de una pareja son incontables. Cada pareja es un mundo, y las mismas razones pueden tener diferente peso e importancia en cada pareja. Es habitual, no obstante, que las separaciones conflictivas conlleven un cruce de acusaciones en donde cada cónyuge acuse al otro. Desde nuestra experiencia como psicólogos de pareja, sin embargo, dado que estamos ante un sistema que se ha desequilibrado, lo más habitual es que la causa o causas de la ruptura tengan que ver con ambos cónyuges, algo que suele ser difícil de aceptar durante las sesiones de terapia de pareja.

Veamos algunos de los motivos de ruptura o separación más habituales que hemos constatado en nuestra consulta de psicólogos:

  • Incompatibilidad de caracteres o visión de la vida.
  • Problemas con los hijos y/o con su educación.
  • Infidelidad o aparición de otra persona.
  • Influencias externas de padres, familiares o amigos.
  • Situaciones traumáticas como la pérdida del trabajo, de un hijo, de una propiedad, etc.
  • Problemas económicos, o desequilibrio de ingresos en la pareja.
  • Pérdida del respeto, de la atracción o del cariño.
  • Agresiones, discusiones constantes.
  • Cambio de residencia de ambos o de uno de los cónyuges.
  • Excesiva dedicación al trabajo, con poco tiempo para la pareja.
  • Problemas o trastornos psicológicos de uno de los miembros.
  • Excesiva dedicación a los hijos en detrimento del cónyuge.
  • Expectativas frustradas de paternidad, de ambos o de uno de los miembros.
  • Falta de empatía, comunicación empática, o saber entender las necesidades del otro.
  • Dar por sentada la relación sin realizar esfuerzos por mantenerla.
  • Dificultades o incompatibilidad sexual.
  • La apatía, el aburrimiento.
  • Abandono o huida del domicilio conyugal.
  • Excesiva vida social de uno de los cónyuges en detrimento de la pareja.
  • Mayor dedicación de tiempo e importancia a las relaciones familiares o sociales que a la propia pareja.
  • Dificultades en el reparto de tareas y rutinas de la pareja.
  • Expectativas demasiado altas en la pareja.
  • Las mentiras constantes y el engaño.
  • Vivir con rencores y conflictos del pasado.
  • Poco tiempo para la intimidad y estar juntos, bien sea porque se evita o porque exceso de actividades externas.
  • La inseguridad personal y los celos patológicos.
  • La excesiva dependencia emocional.
  • El agobio al compromiso, necesidad de espacio e independencia.

En el proceso de separación, no siempre se llega al divorcio. En ocasiones, por razones económicas o de otro tipo, se mantiene simplemente una separación física en distintos domicilios. Más aún, se dan casos en que la pareja, aún habiendo llegado a un acuerdo de separación, sigue viviendo en el mismo domicilio con el acuerdo de hacer vidas por separado. Desde luego que esta no es la mejor solución ni para ellos ni para los hijos, aunque en ocasiones se justifique que se hace por ellos.

¿Cuáles son las consecuencias de una ruptura de pareja?

Lo más habitual es que la ruptura y separación de la pareja tenga lugar dentro en un contexto de enfrentamientos y reproches, lo que dificulta y hace más difícil el proceso. A esto se añade el problema con los hijos, cómo explicarles la separación así como asistirles para evitar en lo posible su sufrimiento.

Aún así, muchas veces el divorcio supone el principio de una batalla inacabable en donde, en ocasiones, resulta difícil imaginar que hubiera amor en una relación que actualmente muestra odio. En estos casos, algunos padres suelen tomar como rehenes a los hijos haciéndoles no solo partícipes del enfrentamiento intentando conseguir su apoyo, o entorpeciendo todo lo posible su contacto con el otro progenitor. Indudablemente, hay que definir con quien van a vivir los hijos, el régimen de visitas, custodias compartidas, pensiones alimenticias, etc. Otro aspecto de esta batalla es el reparto de bienes y recursos económicos. En general, este es un terreno en donde los abogados tienen un buen negocio, facilitando muchas veces más los enfrentamientos que los acuerdos.

Sin embargo, lo más importante lo encontramos en el plano personal, en el impacto psicológico que una ruptura de pareja puede causar. Pocas veces vemos a ambos cónyuges serenos y liberados de la carga que les suponía la relación. Lo habitual es que, por lo menos uno de ellos, esté afectado por la ruptura y lo muestre mediante la ansiedad y tristeza, o con una agresividad destructiva.

Si la separación ha sido abrupta, no esperada, es habitual que el cónyuge afectado sienta culpabilidad, niegue la ruptura, evite enfrentarse a la realidad del abandono, o entre en un bucle obsesivo de preguntas (‘no entiendo nada’, ‘necesito comprender’, ‘quiero que me explique’, etc.). Por mucho que se haya producido una explicación, las preguntas vuelven obsesivamente una y otra vez, sin satisfacer ninguna de las respuestas obtenidas. Forma parte del duelo psicológico de la separación, de la necesidad de elaborar el impacto de la pérdida.

Finalmente, tras el divorcio o la separación de la pareja, el entorno familiar y social también se ve afectado. Suele ser habitual tomar partido por uno de los cónyuges y participar en el enfrentamiento con el otro, aumentando aún más el sufrimiento. Igualmente, los amigos comunes y familias políticas se separan en bandos lo que, en el caso de haber hijos, dificulta su mundo de relaciones.

NO ENTIENDO NADA, NECESITO COMPRENDERLO

Marisa, acudió a nuestra consulta de psicólogos tras el abrupto abandono de su pareja. Llevaban diez años juntos, no tenían hijos. En principio parecía que tenían una buena relación; según ella eran la admiración de sus amigos. Un buen día, él decidió romper por otra persona. Tras varios días de tensas conversaciones, Alberto, su pareja, le manifiesta su infelicidad con la relación así como su decisión de marcharse con otra persona. Ella no lo esperaba, ni lo sospechaba; pensaba que su relación, aunque no era perfecta, tampoco era mala.

Tras el impacto sufrido por la noticia, y después de desesperados intentos por retenerle, Marisa entra en un bucle obsesivo en donde se dice constantemente así misma y a los demás que no entiende que ha pasado, que necesita comprenderlo, que necesita una explicación. Aunque Alberto no se niega en ningún momento al diálogo, ella nunca queda satisfecha, volviendo a preguntar una y otra vez hasta la exasperación.

Posteriormente entró en un proceso de agresividad, ansiedad y tristeza, comenzando el natural proceso del duelo que se prolongo durante varios meses durante los cuales disminuyó su necesidad compulsiva de entender.

¿Cómo afrontar una ruptura y divorcio?

Es evidente que, salvo en el caso de acuerdos amistosos o cuando la relación supone una carga muy pesada, la ruptura y el divorcio implican un impacto psicológico en la vida de la pareja. Es frecuente que uno de los cónyuges esté más afectado que el otro, principalmente por el miedo a la soledad, a comenzar una nueva vida, al sentimiento de incapacidad para rehacerse, a los sentimientos de culpa, etc. Dependiendo del tipo de personalidad, la reacción e impacto serán distintos.

Suele ser habitual, cuando hay hijos, ponerlos por delante como argumento en contra de una separación inminente. En esto, a veces, colaboran las familias, padres, abuelos, grupos religiosos o los amigos. Nada más perjudicial y patógeno que una pareja rota conviviendo juntos a la fuerza por los hijos. Si bien es cierto que, siendo pequeños, pueden verse afectados, es peor hacerles vivir en un clima de tensión y falta de amor que la propia separación.

Ante todo, en un proceso de ruptura y divorcio, se requiere:

  • Buscar tratamiento o psicoterapia individual en el caso de que la ruptura haya producido impacto y desestabilización psicológica en uno o ambos cónyuges.
  • No te calles el dolor, desahógate con tus seres más cercanos, tantas veces como te sea necesario. No obstante, ten cuidado con los consejos de los demás, no siempre son acertados o bienintencionados; a veces están mediados por prejuicios o manías personales que nada tienen que ver con tus intereses en este momento (‘ya te advertí que Juan no me gustaba nada’, … ‘siempre pensé que Aurora no era para ti..’ etc).
  • No busques consejo en los demás, busca su escucha, apoyo y comprensión. Consejos muy directos, como hemos visto, pueden desorientarte más que ayudarte.
  • No intentes forzarte a hacer ‘borrón y cuenta nueva’, animarte a la fuerza y cambiar tu vida de golpe como si nada hubiese ocurrido (‘..a rey muerto, rey puesto..’, ‘hay animarse y mirar adelante..’). Lo más probable es que no puedas y te derrumbes. Existe un duelo que hay que pasar antes de empezar la nueva etapa. Date tiempo.
  • Llora todo lo que necesites, no te contengas. Forma parte del duelo que tienes que pasar. Incluso, escribe todos los días lo que estás sintiendo. Te puede ayudar a procesar mejor la ruptura.
  • Aunque puede no ser fácil, intenta evitar una guerra con tu expareja que no hace más que perjudicarte a ti y a los niños, si los hay. No hables nunca mal a tus hijos de su padre o madre tras la separación; además de hacerles daño, se volverá contra ti con el tiempo. En este sentido, puede ser útil acudir a sesiones de terapia de pareja para intentar lograr una ‘buena separación’.
  • Si has caído en el bucle obsesivo de pedir explicaciones constantemente a tu expareja, mandarle mensajes reiterados, vigilar sus redes sociales, o seguir sus estados en WhatsApp, busca ayuda. No solo no te ayudará sino que te desestabilizará aún más y deteriorará lo que pueda aún de quedar de bueno en la relación.
  • Lo de ‘seguir siendo amigos’ tras la ruptura no es fácil. Parece que una ruptura de pareja civilizada tiene que conllevar una amistad posterior. Pues no necesariamente. Este tipo de propuestas provienen habitualmente del sentimiento de culpa de quien ha roto la relación, de la angustia de la separación, del miedo a perder el contacto, o de intentar dar una buena imagen a uno mismo y al entorno. Lo mejor es hacer lo que el cuerpo nos pida. Eso sí, en el caso de existir hijos, lo mejor es tener una correcta relación (por ellos) aunque esto no implica una amistad como tal. Es cierto en este sentido que algunas parejas sí consiguen mantener dicha amistad posteriormente (habitualmente con el tiempo y una vez cerradas las heridas) y otras no. No hay reglas, lo que debe guiarte es lo que te apetezca realmente.
  • Si sufres una ansiedad que te desborda o sientes que tienes depresión, puedes recurrir junto con la psicoterapia, a la ayuda de un médico que te prescriba algún tipo de medicación. Esto último solo es aconsejable cuando tu estado de ánimo impide tu vida cotidiana, como trabajar, salir, tener contactos sociales o cuidarte.

Sinceramente, como psicólogos creemos que un autoanálisis tranquilo y sincero, buscando en uno mismo sin miedo las razones que han motivado la ruptura, puede ayudar no solo a fortalecerse sino a evitar repetir errores en el futuro. No dejes que la rabia y la soberbia te hagan culpar totalmente a tu expareja; seguro que tu también puedes cambiar algo de ti tras la experiencia. De lo contrario, podrías volver a repetir fracasos en el futuro con otras personas.

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