¿Puede el trabajo destruir tu pareja?

¿Puede el trabajo puede llegar a destruir tu relación de pareja?. Como psicólogos hemos observado lo difícil que en ocasiones resulta difícil compaginar las necesidades familiares con los requerimientos laborales, tanto en dedicación como en tiempo. Además, no solo puede tratarse de un problema objetivo relacionado con determinados puestos de trabajo, sino también también pueden existir circunstancias subjetivas que lo faciliten.

Los problemas en la conciliación, en general, suelen derivar en estrés, ansiedad, depresión, insomnio así como discusiones y enfrentamientos que pueden acabar en rupturas o distanciamientos. En casos extremos, se observa abuso de alcohol, de tranquilizantes, de drogas o de adicción al sexo, al deporte, a las compras o al juego, que pueden requerir la ayuda de psicólogos especializados.

Es evidente que, bien sea porque no se sepa cómo hacerlo, se tenga miedo o inseguridad, no se pueda por las exigencias familiares y laborales o porque no se quiera, en la medida en que el trabajo se convierte en una obsesión, adicción o medio de evasión, el resultado puede llegar a producir un distanciamiento familiar, pérdida de amistades o determinados trastornos psicológicos.

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Cuando existe un miedo constante a no hacerlo bien, a ser despedido

En personalidades perfeccionistas, el miedo o la inseguridad personal pueden llegar a ser factores determinantes. Aunque un trabajo sea muy absorbente, también puede haber un exceso de dedicación por temor al fracaso y el trabajo se convierte en más importante que la pareja. El miedo a fallar, a hacerlo mal o a no estar a la altura, puede arruinar una relación de pareja. Dicho miedo además de ser propio de personalidades inseguras o perfeccionistas, puede también ser el resultado de experiencias laborales negativas anteriores, como un despido.

Raúl desde hace tiempo trabaja como director de una importante empresa. Tras una trayectoria laboral con éxito, en su anterior trabajo tuvo conflictos con su superior lo que le obligó a dejar la compañía. En el puesto actual debe viajar constantemente además de recaer sobre él amplias competencias que le requieren mucho tiempo. No obstante, tiene miedo a fallar, a volver a tener problemas y perder su trabajo, con lo que cada vez llega más tarde a casa, trabajando fines de semana y vacaciones. Su mujer ya se lo ha planteado dado el poco tiempo que dedica a su familia, su pareja trabaja mucho y se siente sola, algo que Raúl entiende pero no sabe cómo afrontar. Teme quedarse sin trabajo, de perder competencias o su propio puesto.

¿Y qué ocurre cuando el trabajo requiere mucha dedicación?

También, hay trabajos de responsabilidad que llevan implícito tiempo y disponibilidad, incluso en fines de semana y vacaciones. No es fácil salir de esta situación porque no solo el puesto puede conllevar dedicación, sino que también existen culturas empresariales que obligan a un exceso de horas.

Este es el caso de Félix, un abogado que trabaja en un bufete de prestigio con importantes clientes. Cada día comienza muy temprano su trabajo y llega a casa tarde, por la noche. Incluso tiene que trabajar algunos fines de semana. Vive en pareja, y recientemente ha sido padre por primera vez. Su mujer no trabaja y se pasa el día sola con el bebé.

Félix adora su trabajo, pero también adora a su mujer con la que ya ha tenido varios enfrentamientos con amenaza de ruptura. En alguna ocasión ha planteado a sus superiores el problema y necesidad de llevar menos casos, por lo menos quitarse los que implican más viajes y estancias fuera de casa. Apenas hubo respuesta o entendimiento. En el momento de la consulta acude con estrés y ansiedad.

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El trabajo en muchas ocasiones es una evasión

Algo parecido es cuando el trabajo se convierte en un medio de evasión ante una vida personal insatisfactoria. Realmente no son necesarias tantas horas de trabajo, tanto tiempo en la oficina. Simplemente se intenta estar lo menos posible en casa, a solas o acompañado por la familia. Los fines de semana, o llegar a casa supone un suplicio. Aquí lo que falla es la propia vida personal, la insatisfacción o inquietud con el entorno personal más cercano.

José María tiene un negocio próspero que le obliga a viajar con frecuencia. Sin embargo, suele alargar sus estancias y viajes a fin de estar el menor tiempo posible en casa con su pareja, con la que discute a menudo. No quiere separarse, pero no la soporta, por ello tiende a priorizar su trabajo a la vida en pareja. Prácticamente está toda la semana fuera, de lunes a viernes; incluso algunos domingos se inventa excusas para irse antes.

El trabajo puede llegar a ser una adicción

Los adictos al trabajo, o ‘workalcoholics‘, sienten que el trabajo es el centro de su vida, teniendo todo lo demás escasa importancia, incluida la familia, ocio y vida social. Llevarse trabajo a casa para acabarlo por la noche o los fines de semana es habitual en estas personas. No conciben el descanso, el relax o el ocio; lo sienten una pérdida de tiempo. Son hiperactivos. Es habitual verles trabajar hasta el último momento, incluso en la cama con el portátil.

En general, tras la adicción al trabajo existe una gran necesidad de éxito, poder o estatus económico. Sin embargo, como en muchas adicciones, en la base se encuentra un vacío e inquietud que solo se llena con la actividad y la fantasía del éxito. Estas personas son incapaces de reducir el ritmo sin experimentar ansiedad o irritabilidad, por eso se considera que es una adicción.

Como ejemplo, nosotros trabajamos como psicólogos de adicciones en Madrid y tenemos el caso de Julia, una mujer joven ambiciosa que, por razones personales y psicológicas, el trabajo era el centro de su vida. Trabajaba prácticamente todo el día, incluidos fines de semana. Había logrado crear una empresa de éxito, pero no se tomaba un instante de descanso, lo sentía una pérdida de tiempo. Realmente no le hacía falta tanta dedicación, tantas horas.

Julia acudió presionada por su pareja, como en tantos casos de este tipo. No solo se le reprochaba falta de tiempo en familia sino también de comunicación. Su vida se había convertido en una rutina en donde solo se hablaba de su trabajo. Lo llamativo es que Julia no sentía estar haciendo algo mal y acude a nuestra consulta coaccionada por su pareja.

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Cuando falta el apoyo de la pareja

Un caso que se da con cierta frecuencia es cuando en la pareja existen dos ritmos laborales distintos, cuando no se entiende el trabajo del otro ni el tiempo que invierte. Aquí no se trata necesariamente de que el trabajo sea absorbente, sino que no se llega a comprender la dedicación que se le presta. Expresiones como ‘no entiendo porque tienes que trabajar tanto’, ‘te están explotando’, ‘estás haciendo ganar dinero a otros a costa de tu tiempo’. En este tipo de problemática podrían concurrir también cualquiera de las circunstancias anteriores: un trabajo exigente, perfeccionismo o adicción al trabajo.

Inés es una paciente joven que ha comenzado a trabajar en un departamento de recursos humanos de una compañía multinacional. Su pareja es funcionario y no trabaja por las tardes. Sin embargo, Inés acaba a última hora de la tarde. Las discusiones son frecuentes; él cree que están abusando de ella, no entiende porqué tanto tiempo, cree que no hay necesidad.

Crisis de pareja por el trabajo, ¿Qué se puede hacer?

Si revisamos cada una de las posibilidades anteriores, debes hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿Trabajas en exceso por miedo, inseguridad, por temor a no gustar, a ser despedido?.
  • ¿Sientes que no puedes vivir sin trabajar tanto, que es una necesidad que no puedes controlar?.
  • ¿El trabajo es en sí mismo exigente, conlleva tanto tiempo y dedicación, o lo haces por la presión del entorno laboral, por miedo a ser distinto al resto?.
  • ¿Mi pareja me entiende?, ¿Quiere que reduzca mis responsabilidades para estar más tiempo juntos?.

Trabajar en exceso por miedo o inseguridad implica un esfuerzo importante. En este caso,  es nuestra propia falta de seguridad o necesidad de perfección lo que está creando el problema. Es muy probable que este tipo de personas sean igual en otras áreas de su vida, lo que puede hacer en general difícil la convivencia con ellos. En estos casos, lo más adecuado es atajar el miedo mediante algún tratamiento psicológico o intentar vencerlo equilibrando la eficacia con un tiempo razonable de dedicación. No olvides que no es fácil para una empresa encontrar buenos profesionales; si tu trabajo es bueno y crees que eres competente, no debería ser un problema que ajustases tu horario para poder disponer de más vida privada.

Por otra parte, trabajar como forma de sentirse bien es correcto sobre todo si te gusta lo que haces, y siempre y cuando no interfiera en otras áreas de la vida. Ahora bien, si se trata de una adicción tenemos un problema que suele convivir con otro tipo de conductas compulsivas en el ámbito del sexo, del deporte, de las compras, de Internet, o en el abuso de drogas como el cannabis o cocaína. Aquí también es necesaria la ayuda de un psicólogo.

También es muy probable que el trabajo que hayas elegido, en sí mismo, sea muy exigente. En efecto, determinados puestos y responsabilidades requieren un tiempo y dedicación, se dice que ‘va con el cargo’. En este caso, como hemos indicado antes, tendrás que valorar si te compensa o si puedes negociar, siempre manteniendo un buen nivel de competencia.

Si tu pareja no te entiende, principalmente si el ritmo y exigencias laborales de ambos son muy distintas, en estos casos no queda más remedio que conversar y alcanzar un buen nivel de empatía mutua, buscando un equilibrio satisfactorio para ambos.

Por ello, la conclusión más importante que podemos extraer es que, tanto si te gusta mucho o poco el trabajo que tienes, es fundamental equilibrar tu dedicación en las diferentes esferas de la vida. Trabajar en exceso bajo la losa del miedo, de la inseguridad o del vacío personal nunca va a traer buenas consecuencias. Uno de los sufrimientos más habituales que vemos en nuestra consulta de psicólogos proviene de la rabia y sensación de estupidez que se siente cuando después de años ‘dejándose la piel’ por la empresa, de pronto se sufre un despido. Esto ocurre y seguirá ocurriendo; las empresas son sistemas cambiantes, regidos por criterios y objetivos que no siempre compensan los esfuerzos personales.

Hace un tiempo, una buena amiga dijo: ‘Hay que perder el miedo y cultivar la autoestima. Trabajar y comprometerse, como todo en la vida; poner las cosas claras, no dejarse amedrentar y saber qué es lo importante; sin duda lo primero es lo primero: tus cosas, tu gente, tu familia. Acostumbrar a la empresa, a los demás en general, a decir que si a todo, es un error; una negativa firme y serena también se valora. No se puede vivir con miedo, hay que atreverse, de lo contrario siempre serás víctima de ti mismo’.

Ante esto, no es de extrañar que muchos profesionales, a lo largo de sus carreras, acaben agotados, frustrados, ‘reinventándose’ con actividades más satisfactorias, o anticipando la jubilación.

Pero, ¿es necesario llegar a esto?.

José de Sola
DE SALUD PSICÓLOGOSPsicólogos en Madrid / Psicólogos en Málaga

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