¿Es cierto que todos los hombres engañan a las mujeres? ¿Por qué siempre me pasa igual? Son preguntas que muchas mujeres se hacen después de haber sufrido varias infidelidades. Cuando una experiencia dolorosa se repite, es fácil llegar a la conclusión de ‘todos los hombres son iguales’. Sin embargo, estos comentarios no ayudan, dan la sensación de que no hay nada que hacer, que todo está perdido.
Desde luego, ni existe ninguna mujer destinada a ser engañada, ni todos los hombres son infieles. Pero es cierto que, cuando una situación se repite, merece la pena empezar a preguntarnos qué está manteniendo este patrón de comportamiento en las relaciones. Porque el problema no es sólo la infidelidad, sino lo que hacemos antes, durante y después, intentando evitar que vuelva a ocurrir. Y, paradójicamente, aumentamos las probabilidades a que suceda de nuevo.

¿Cómo se manifiesta el miedo a que los hombres me engañen?
En general, como psicólogos hemos visto que, tras vivir esta situación, aparecen un comportamientos muy concretos:
- Buscar explicaciones constantemente. Después de un engaño es normal intentar entender una y otra vez qué ha pasado. El problema es que esta búsqueda nunca termina y la persona se engancha en rememorar conversaciones antiguas, a revivir detalles, a analizar cómo empezó todo, a buscar las señales o ‘red flags’ que se pasaron por alto, así como la necesidad de entender, dado que existe la creencia de que si se entiende porqué ha sucedido, nunca más volverá a ocurrir. Sin embargo, esto no es cierto.
- Estar siempre alerta. Quienes han sufrido infidelidades, y comienzan una nueva relación, comienzan desde el principio a vigilarla continuamente. Preguntan, necesitan comprobar, observan cualquier cambio o detalle, interpretan los silencios, revisan las redes sociales o, incluso, el teléfono, el correo electrónico o el WhatsApp. Y, aunque no encuentren nada, la tranquilidad dura poco, después vuelven a empezar de nuevo. Es decir, cuanto más intentamos conseguir una certeza absoluta, menos la logramos.
- Intentar cambiar para que no vuelva a ocurrir. Dentro de una nueva relación, es frecuente culpabilizarse pensando en que se podría haber dado más cariño, haber discutido menos, o haber estado más pendiente de la pareja, etc. Con esto la relación poco a poco empieza a organizarse alrededor del miedo a que la otra persona se marche y, sin darse cuenta, se deja de actuar con naturalidad comportándose en base a un posible abandono futuro.
- Renunciar a elegir. Cuando el miedo al abandono es muy intenso, a veces se renuncia a elegir a la pareja que nos gusta y se comienza a aceptar solamente a quien parece ofrecer seguridad. Esto no garantiza nada puesto que podemos pasar por alto comportamientos o señales reales de peligro.
Algunas mujeres, tras relaciones muy dolorosas con hombres, han dejado de buscar a hombres durante un tiempo, han desarrollado una profunda desconfianza hacia ellos y a sentirse emocionalmente más seguras con otras mujeres o, incluso, en ocasiones, a iniciar una relación con una mujer que les produzca más seguridad y satisfacción emocional. En estos últimos casos, habitualmente existía previamente una cierta orientación bisexual o atracción homosexual hacia las mujeres.
¿Cuáles son las causas de que los hombres me engañen?
Realmente, no existen características personales que lo expliquen. Sin embargo, cuando una experiencia se repite muchas veces merece la pena preguntarse qué podemos estar haciendo nosotros que mantiene este patrón. Veamos algunas posibilidades:
- Elegir parejas con un perfil similar. Muchas personas creen que sus relaciones han sido todas distintas. Sin embargo, si se analizan, aparecen similitudes. Puede tratarse de personas con dificultades para comprometerse, con una necesidad constante de novedad en sus vidas, necesitadas de admiración, impulsivas o emocionalmente muy inestables.
- Ignorar las primeras señales de alarma. Determinados comportamientos, aunque generan dudas, tendemos a ignorarlos. Creemos que cambiarán con el tiempo, que es una mala racha, o que el amor será suficiente para resolverlas. Es frecuente que reconozcan que algunas señales estaban presentes desde el principio, aunque les restaron importancia.
- Permanecer demasiado tiempo en una relación que ya no funciona. El miedo a la ruptura y a la soledad o la esperanza de que haya un cambio, pueden hacer que una relación siga adelante más de lo debido, aún existiendo problemas.
- Vivir la relación con el miedo constante a perderla. Tras haber sufrido alguna infidelidad previamente, algunas personas empiezan una nueva relación con el temor de que vuelva a ocurrir. Pero cuando una relación gira alrededor del miedo, se pierde la naturalidad y la espontaneidad, aparecen la suspicacia y la desconfianza lo que aumenta el desgaste de la pareja.
- Dificultades para establecer límites. En ocasiones, por miedo al conflicto o a la ruptura, algunas personas toleran que les falten al respeto, renunciando a quejarse. Poner límites no garantiza la fidelidad, pero sí favorece relaciones más saludables y equilibradas.
- Convertir la experiencia en una expectativa. Cuando varias relaciones terminan de la misma manera, es fácil esperar que vuelva a suceder. Esta expectativa condiciona una forma de vivir la relación esperando a que suceda de nuevo, lo que favorece que la relación se base en el miedo y vuelva a suceder.

¿Qué consecuencias tiene para mí que los hombres me engañen?
En nuestra consulta hemos constatado que cuando se sufren varias infidelidades cambia la forma de relacionarnos:
- Se pierde la confianza personal. La mayoría de personas dejan de confiar en los demás, además de en sí misma. En este sentido, la sensación de haber fallado suele ser mucho más devastadora que el propio engaño.
- La vida gira alrededor de evitar otro engaño. A partir de ese momento muchas decisiones dejan de estar guiadas por lo que uno desea y empiezan a guiarse por lo que se quiere evitar. Y cuanto más intentamos evitar sufrir, más espacio ocupa ese miedo en nuestras vidas.
- Aparecen relaciones menos espontáneas. La necesidad de controlar convierte a la pareja deje en un espacio de comprobación y supervisión. Cada conducta es interpretada, cada cambio produce dudas, o cada ausencia levanta una sospecha.
Todo esto favorece a que ninguna relación posterior sobreviva. Tanto la vida de la persona como sus posibles relaciones de pareja acaban teñidas por una desconfianza tan profunda que hace imposible disfrutar de la vida.
¿Que puedo hacer para que los hombres no me engañen?
Si sientes que todos los hombres te engañan, probablemente te sea más útil observar qué tienen en común todas las relaciones que has mantenido y cómo te has relacionado en cada momento. Seguramente habrás desarrollado estrategias para protegerte del dolor y, sin darte cuenta, esas mismas estrategias han hecho que el problema continuase.
Es decir, como psicólogos te recomendamos que la pregunta que realmente debes hacerte es «¿hay algo en mi forma de elegir, de relacionarme o de intentar evitar el sufrimiento que esté haciendo que las historias se repitan?». Esto no implica que haya que disculpar a quienes te han engañado, significa ser consciente de lo que depende de tí. Es decir, «¿Qué estoy haciendo, para evitar volver a sufrir, que puede estar manteniendo el que se repitan los engaños?
Si todo dependiera de los demás, no habría solución posible. Pero tu forma de relacionarte si que puede modificarse. Porque cuando desaparece la necesidad desesperada de evitar el abandono, también cambia la forma de elegir, de poner límites y de vincularse con los demás.