«Estoy tranquilo y, de repente, empiezo a notar que el corazón se acelera, me cuesta respirar y siento un miedo intenso. Y realmente no me ha pasado nada. ¿Por qué tengo ansiedad si no me pasa nada?»
Esta es una de las preguntas más frecuentes de las personas que padecen ansiedad. Es habitual la sensación de que la ansiedad aparece de la nada. A partir de aquí, comienza la búsqueda de una explicación: pruebas médicas, información en Google o averiguar lo qué pudo desencadenarla.
Ahora bien, como psicólogos sabemos que la ansiedad siempre tiene una explicación, una razón, aunque no la veamos. Si tenemos en cuenta que es una respuesta natural del organismo ante lo que interpreta como una amenaza, la cuestión es ver cual es dicha amenaza. El problema es que, en ocasiones, la amenaza no es externa ni evidente, pudiendo estar relacionada con sensaciones internas psicofisiológicas (sensaciones propioceptivas) que junto a la interpretación que les demos, incrementará aun más nuestro estado de ansiedad. También puede haber influido algún pensamiento desagradable que casi inconscientemente haya cruzado por nuestra cabeza, o por algo o alguien a quien hayamos visto y nos haya producido alguna sensación o recuerdo desagradable. Pero también influyen los intentos que hacemos para evitar la ansiedad y que nos producen más ansiedad todavía. Porque, paradójicamente, cuanto más tratas de evitar o controlar la ansiedad, más ansiedad tendrás.

Problemas habituales cuando aparece ansiedad sin motivo
Cuando la ansiedad aparece sin explicación, es habitual entrar en un bucle de preocupación que aumenta su intensidad. En este sentido, es frecuente tener pensamientos como «algo malo me está pasando«, «seguro que tengo una enfermedad grave «, «si no encuentro una explicación es porque esto es serio«. Esta búsqueda constante mantiene tu atención centrada en la ansiedad, en el cuerpo, en la respiración, en el pulso u en otra molestia física, lo que convierte a cualquier sensación corporal en una señal de alarma. Y, al contrario de lo imaginable, cuanto más vigilamos nuestro cuerpo, más sensaciones tendremos y mayor será la ansiedad.
Hemos comprobado que un error habitual es tratar de evitar las situaciones que te producen ansiedad (como dejar de conducir, salir a la calle o acudir a determinados lugares), comprobar constantemente si la ansiedad está desapareciendo, buscar constantemente el apoyo o ayuda de otras personas o ir constantemente al médico. Aunque, de forma inmediata, cualquiera de estas acciones produce tranquilidad también incrementa el miedo y, por lo tanto, la ansiedad.
Por lo tanto, si bien comprender lo que te ocurre puede ser útil, el problema habitualmente no está sólo en el origen sino en todo lo que hacemos para intentar controlar la ansiedad. Buscar explicaciones de forma obsesiva puede convertirse en parte del problema y puede aumentar el sufrimiento si llegas a interpretaciones catastrófica de los síntomas.
Consecuencias de la ansiedad sin motivo
Cuando la ansiedad se mantiene durante semanas o meses, inevitablemente afecta y altera tu vida cotidiana. A partir de ahí, muchas personas comienzan a vivir pendientes de cuándo aparecerá el siguiente episodio de ansiedad. Esta auto vigilancia constante genera una sensación de inseguridad y de miedo que favorece nuevos episodios de ansiedad, al tiempo que los intentos por controlarla terminan ocupando cada vez más tiempo y más espacio en tu vida.
También es frecuente que, al disminuir la calidad de vida, se abandonen actividades, se reduzcan relaciones sociales o aparezcan dificultades para concentrarse en el trabajo o en los estudios. Este estado de preocupación constante puede llevar a un agotamiento físico y mental, afectando especialmente a la familia que es quien habitualmente sufre estos problemas.
Al final, no es raro que aparezcan sentimientos de frustración, desesperanza o la sensación de que «mi vida ha cambiado, ya no soy como antes».

Síntomas de la ansiedad sin motivo
La ansiedad puede aparecer de formas muy diferentes. Entre los síntomas físicos más frecuentes encontramos:
- Palpitaciones o aumento del ritmo cardíaco.
- Sensación de falta de aire.
- Opresión en el pecho.
- Mareos o sensación de inestabilidad.
- Sudoración y temblores.
- Tensión muscular.
- Molestias digestivas.
- Sensación de nudo en la garganta.
Pero junto a estos síntomas físicos también aparecen manifestaciones psicológicas como:
- Miedo intenso.
- Sensación de peligro inminente.
- Pensamientos repetitivos.
- Dificultad para concentrarse.
- Hipervigilancia.
- Necesidad constante de comprobar que todo está bien.
- Miedo a otro episodio de ansiedad.
No todas las personas presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Algunas ni siquiera serán conscientes de estar sufriendo ansiedad en la medida en que solo tendrán manifestaciones físicas que no saben interpretar. En otras, es más fuerte el componente psicológico y, por lo tanto, tendrán una mayor sensación de sufrimiento que afectará a su entorno más inmediato.
Tratamiento de la ansiedad sin motivo
La buena noticia es que la ansiedad se puede tratar con éxito. Desde nuestra práctica como psicólogos, el primer paso consiste en comprender cómo funciona, cual es su origen y qué factores están contribuyendo a mantenerla. Frecuentemente, el problema no es únicamente la ansiedad, sino lo que hacemos para evitarla, como hemos indicado antes: vigilar el cuerpo, buscar explicaciones continuamente, buscar tranquilidad en otras personas o evitar determinadas situaciones.
Comprender el origen de la ansiedad es importante en la medida en que incrementa la sensación de control facilitando un posterior abordaje psicológico. Este se basará en la identificación de las situaciones en que se produce, así como en las estrategias personales utilizadas para afrontarla que se han mantenido en el tiempo, y que, en vez de ayudar, empeoran. Dicha identificación ayudará a sustituir estos patrones por formas de afrontamiento más eficaces, además de aprender a relacionarse de una manera diferente con las sensaciones corporales y con los pensamientos que aparecen.
Nosotros en nuestra consulta no recomendamos el uso de medicación complementaria, salvo en situaciones de crisis muy intensas e incapacitantes. Tienes que tener en cuenta tres cosas que habitualmente se comentan y que no son ciertas: que la ansiedad es para siempre, que hay que aprender a convivir con ella, y que la única forma de tratarla es mediante medicación. Todas esas afirmaciones son falsas.
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