¿Existen los padres tóxicos?

Se habla mucho de personas tóxicas, aunque hay que reconocer que este término nunca fue muy afortunado. Apareció en el contexto de las relaciones de pareja y muchas veces se ha acabado utilizando indiscriminadamente como insulto para designar a cualquier persona que no nos gusta lo que hace. También se ha extendido al ámbito de la familia, de los padres, como veremos más adelante. Aquí utilizamos el término ‘tóxico’ para designar lo que objetivamente puede hacer daño a los niños dentro de la familia.

¿Existen los padres tóxicos?. No hay duda de que podemos dañar a nuestros hijos. Puede ser por desconocimiento de lo que hacemos y de sus consecuencias, por actitudes de rechazo abiertas o invalidantes, por falta de un amor auténtico, durante los enfrentamientos de pareja, por ausencia de empatía, exceso de descontrol y sufrimiento personal, o por puro egocentrismo. El daño puede producirse en momentos puntuales (por error, desconocimiento o equivocación) o formar parte de un estilo arraigado de relación. Y este último es el preocupante.

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¿Qué es lo que puede dañar a un niño?

En general, los niños necesitan el reconocimiento y validación de sus padres, su mirada de aprobación, cuidado, cariño y aceptación. Pero, al mismo tiempo, también necesitan límites educativos. No pueden tener o hacer todo lo que quieran.  A veces, los padres, intentando ser ‘muy buenos padres’, se acaban convirtiendo en ‘tóxicos’ sobreprotegiéndolos y mimándolos. Sabemos que un niño que no ha experimentado límites siempre será débil, dependerá de sus padres, vivirá con miedos, o se convertirá en un déspota que nunca dejará de exigir a los demás. Pero igualmente, un niño o niña que no ha experimentado el amor, el apoyo y validación de sus padres, tendrá altas probabilidades de sufrir problemas psicológicos.

Por lo tanto, a los niños puede dañarles tanto el exceso como el defecto en los cuidados. A menudo, los padres llevan consigo actitudes arraigadas en su propia educación y que transmiten a sus hijos, acaban repitiendo lo que ellos mismos sufrieron como hijos. En otras ocasiones, la preocupación por sus propios conflictos, daños, carencias, odios, rencores, necesidades o sufrimiento les lleva a un egocentrismo que les incapacita para atenderles. Estos últimos son los ‘padres invalidantes’, es decir, incapaces dar amor y valor, más preocupados de sí mismos que de los suyos.

Algunos consejos para no dañar a tus hijos

Sin llegar a situaciones límite como las descritas, existe un día a día en el que podemos equivocarnos con los niños, en donde determinados hábitos educativos o errores pueden dañar.

Como psicólogos, y teniendo en cuenta lo anterior, son muy diversos los consejos que podemos aportar a los padres. Somos conscientes de lo difícil que pueden resultar muchos de ellos. Sin embargo, queremos llamar la atención de determinados gestos o conductas que se perpetúan sin un claro conocimiento de sus efectos. He aquí algunos:

  • Nunca compares a tu hijo negativamente con otros niños o hermanos. Creyendo que esto puede alentar su mejora, pocas veces somos conscientes del daño que produce en su autoestima.
  • Nunca te burles de sus defectos y dificultades, y menos en público. No solo no ayuda, sino que destruye su seguridad e imagen personal.
  • No pretendas que tus hijos se preocupen de ti y de tus problemas cuando son pequeños Los niños nunca deben hacerse cargo de los problemas de los padres, es una responsabilidad que no les corresponde.
  • Nunca pongas por medio a tus hijos en los enfrentamientos y discusiones de pareja. Desgraciadamente es habitual buscar su apoyo haciéndoles que tomen partido en un problema que no es de ellos. 
  • Nunca les hables mal de tu pareja. Los niños necesitan padres fuertes y unidos, no dinamitados por el odio.
  • No les ‘secuestres’ durante un proceso de separación, impidiéndoles ver a su padre o madre. Desgraciadamente esto suele ser frecuente, con graves implicaciones legales y penales. Una pareja rota con odio desbordado y sin control es muy peligrosa para los niños, algo que habitualmente aprovechan los abogados para obtener ventajas económicas en los acuerdos de divorcio.
  • No pretendas mantener una relación de amistad con tus hijos. Los padres son y serán siempre padres, no amigos. Pretender lo contrario, perjudica más que ayuda, desdibuja unos roles que son necesarios en su crecimiento.
  • No pretendas que ellos hagan en la vida lo que tu no pudiste hacer. Con frecuencia vemos en los hijos nuestra prolongación, nos proyectamos en ellos pretendiendo que hagan lo que nosotros hicimos o hubiésemos deseado hacer.
  • No pretendas que vean el mundo como tú lo ves. Muy unido al anterior, los hijos tienen que tener libertad para con el tiempo desarrollar su propia visión del mundo, de sus intereses, de lo que les gusta, de lo que quieren.
  • No les retengas a tu lado más allá de lo necesario. Tus hijos no son una propiedad, tienen derecho a elegir la vida que quieran. Acepta su progresiva autonomía y su criterio.
  • Evita los castigos arbitrarios, aquellos que tienen más que ver con tus problemas. No les hagas pagar por tus estados de ánimo.
  • Nunca eches en cara a tus hijos los sacrificios que has hecho por ellos. Ellos no eligieron venir a este mundo, eres tú quien asumió esta responsabilidad, lo que te obliga a procurarles lo que necesiten para su desarrollo y crecimiento sin buscar su agradecimiento.
  • Nunca prometas lo que no puedes cumplir. Algo muy habitual son las promesas incumplidas pensando que tu papel de padre te concede el derecho a hacer lo que quieras. Esto no es más que un engaño que daña su seguridad y confianza en los demás.
  • Evita la arbitrariedad de normas en su educación. El ‘aquí se hace en todo momento lo que yo digo, porque soy tu padre’, no vale. Tiene que existir un sentido coherente en la aplicación de las normas.
  • Por supuesto, no debe existir una agresividad gratuita, injustificada. Las cosas se pueden y deben hacer de muchas formas, no a gritos.
  • Ponles límites educativos claros e inquebrantables en todo momento, sin excepciones. Los límites no pueden variar según el día o tu estado de ánimo.
  • El cariño expresado entre padres e hijos es muy bueno, eso nunca podrá hacerles débiles como algunos pueden creer.

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¿Existen los padres tóxicos?

Seamos muy claros, hay madres y padres tóxicos, a veces muy tóxicos, que han dañado o están dañando la salud mental de sus hijos. En principio, todo padre que es incapaz de validar, querer y proporcionar a sus hijos un entorno de amor, seguridad y confianza podríamos decir que es un padre tóxico. De igual forma lo es todo padre que está atormentado, sobrepasado, por sus propias tormentas psicológicas, por su pasado, sus problemas actuales y no es consciente de estar intoxicando el clima familiar. A veces es la madre, a veces el padre, a veces son los dos. No es una cuestión de género, tanto un hombre como una mujer pueden dañar psicológicamente a sus hijos. De hecho se ha escrito mucho sobre la ‘madre tóxica’; es decir, la madre que siente a sus hijos como suyos, les sobreprotege y apenas les deja respirar en la vida, fenómeno muy estudiado en la génesis psicosomática del asma en los niños.

En efecto, existen padres que no han deseado a sus hijos, que les estorban o les hacen responsables de haber frustrado sus aspiraciones de vida. No los quieren lo suficiente o han sido incapaces de tener una relación cercana con ellos. En casos extremos, encontramos padres psicópatas, desconectados de la realidad, en donde la vida familiar es un infierno.  No tenemos más que ver los medios de comunicación cuando nos traen noticias espeluznantes de padres que han tenido a sus hijos encerrados y aislados durante años, han abusado sexualmente de ellos o los han prostituido, de agresiones físicas desmedidas, de abandonos o de consumo de drogas. Porque la maldad y la enfermedad no solo está en la calle, también la podemos encontrar en el hogar, de ahí que muchos se hayan cuestionado el clásico papel de la familia como pilar sagrado, fundamental e intocable. Una reciente novela de Leticia G. Domínguez (‘Papá nos quiere‘) pone en evidencia en este sentido del horror escondido que puede encontrarse en algunos hogares y de los que el resto de la sociedad apenas sabe nada. Adultos que han tardado años en contar el terror que vivieron en sus hogares siendo niños y que les empujó por necesidad a romper definitivamente con sus padres y olvidarse de ellos, o a no saber como tratarles en la actualidad, como lidiar con sus recuerdos y rencores siendo ya adultos.

José de Sola
DE SALUD PSICÓLOGOSPsicólogos en Madrid / Psicólogos en Málaga

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Publicado en Pareja y familias.