Depresión y Discusiones en Navidad

Para mucha gente, la Navidad es un periodo mágico y feliz, mientras que para otras personas, es una auténtica pesadilla. A todo esto, se añade que, frecuentemente, puede cambiar nuestro estado de ánimo , así como incrementarse el nivel de tensión tanto con la pareja como con la familia.

¿Por qué sucede todo esto?, ¿por qué, en muchos casos, caemos en depresión en Navidad o en discusiones que pueden amargarnos las fiestas y poner en peligro nuestros vínculos más cercanos?. Nuestra sensibilidad aumenta aunque no queramos, los problemas latentes aparecen con más fuerza, y los compromisos no deseados pueden ahogarnos.

Discusiones de Navidad

¿Por qué nos deprimimos más en Navidad?

La Navidad tiene muchas connotaciones psicológicas y personales. Es un momento de cercanía, de calor, con vínculos y sentimientos profundos que se remontan habitualmente a nuestra infancia. Y eso mismo hace de estas fechas un periodo potencialmente peligroso, dependiendo de nuestra situación personal actual. Padres, hijos, amigos que ya no están, o nuestro propio momento presente que puede no ser tan bueno como el pasado. Es muy frecuente que la soledad, o situaciones personales difíciles actuales, arruinen nuestro estado de ánimo en estos días.

Pero también es posible que la Navidad traiga malos recuerdos, momentos tristes, o conflictivos aunque nuestro presente sea satisfactorio. A todo esto se añade la obligada felicidad, el tener que considerar estos días un periodo muy especial en donde hay que estar feliz y en compañía de los seres queridos. Es precisamente esa sensación de obligatoriedad, lo que genera el rechazo tan habitual de muchas personas. Las comidas o cenas navideñas se acaban convirtiendo en una obligación y problema que puede dar lugar a enfrentamientos. Muchos intentan mantener que estos días son como otros, que no hay necesidad de hacer nada especial. Pero no siempre se logra rehuir la influencia e impacto del entorno.

Cuando esta tristeza o depresión ocurre periódicamente en estas fechas, se le denomina coloquialmente ‘Depresión Blanca‘ o ‘Blues de Navidad‘ y, en algunas personas, se relaciona con el Trastorno Afectivo Estacional. Es decir, alteraciones en el estado de ánimo que comienzan y terminan con el cambio de las estaciones, como el otoño o el invierno. Se ha observado en estos casos la influencia de la presencia o ausencia de luz diurna de las estaciones.

¿Por qué aumentan las discusiones de pareja en Navidad?

Al igual que durante los periodos vacacionales, en general, las parejas con problemas latentes pueden entrar en conflicto en Navidad. Muchas son las razones: antiguos rencores guardados, diferentes visiones y expectativas en estas fiestas, cambios de humor, las vacaciones de los niños, problemas con las familias, etc.

No son raras las rupturas de pareja tras las Navidades, al igual que tras las vacaciones de verano. El problema no es la Navidad, sino la propia relación de pareja cuya estabilidad puede estar sosteniéndose en un hilo durante mucho tiempo, rompiéndose en cualquier momento. A veces, el vacío y distanciamiento de una pareja sólo se aprecia durante las vacaciones.

Suelen ser motivos en estos días de las discusiones la influencia e interferencia de las familias en la vida de la pareja, la necesidad de una mayor frecuencia de visitas, principalmente los abuelos con los niños, la dificultad de mantener un equilibrio justo en el reparto de cenas y comidas entre las familias políticas y la presión que éstas pueden llegar a ejercer o la sobrecarga de trabajo doméstico que conllevan estas celebraciones.

¿Por qué hay más discusiones de familia en Navidad?

Las discusiones familiares es uno de los aspectos más frecuentes durante las navidad de muchas personas. ¿Qué ocurre?. Como hemos comentado, el sentimiento de obligatoriedad que conllevan las Navidades hace que tengamos que compartir comidas o cenas con personas con las que no nos apetece coincidir y que hemos estado evitando todo el año.

El cuñado que siempre arruina la cena de Navidad con la política, los padres que reprochan u obligan a compromisos no deseados, envidias o antiguos rencores, o el aumento de la sensibilidad,  pueden convertir las reuniones familiares en auténticas batallas campales con, incluso, rupturas familiares.

Como psicólogos hemos visto la tensión que genera que gente que se odia, se vea obligada a reunirse, simulando una cordialidad que puede romperse en cualquier momento, con cualquier excusa o comentario.

¿Cómo afrontar entonces la Navidad?

Parece obvio decir que cada cual es libre de hacer de la Navidad un momento mágico o un periodo del año como otro cualquiera. No obstante, sabemos que esto no es fácil: son muchas las presiones externas que siembran la duda. La publicidad en este sentido es un arma mortal, capaz de desestabilizar a los más sensibles con toda su carga de sentimentalismo y materialismo.

Por otro lado, existen obligaciones reales que todos tenemos con la familia o la pareja. No podemos exactamente hacer lo que nos dé la gana, sobre todo si tenemos niños. ¿Qué hacer entonces?. Es necesario tratar de mantener un equilibrio entre nuestras necesidades y las demandas del entorno, evitando las reuniones y compromisos que realmente se puedan evitar. Quizás éste es el momento de romper con obligaciones que nos han encadenado durante años. También debemos valorar el daño y los vínculos que queremos conservar, es decir, habrá que ceder en otras ocasiones en favor de lo que queremos.

Si tienes problemas de pareja, seguramente pueden reaparecer con fuerza estos días. Puede ser el momento de abordarlos, de llenar los vacíos y hablar de las insatisfacciones, aprovechar el momento para el encuentro y la conversación tranquila y sincera, evitando las explosiones de ira que suelen derribar en un instante lo que no queremos destruir. El problema aquí no es la Navidad, sino la propia pareja. Es necesario un alto nivel de empatía para lograr la cercanía que se ha perdido, un esfuerzo en lograr un equilibrio entre lo que se necesita y se da en la relación. Son útiles también los acuerdos y pactos en el reparto de las tareas rutinarias o en los compromisos.

Finalmente, si te llenas de tristeza estos días, analiza por qué. Enfréntate a los viejos sentimientos y recuerdos, vive en el presente dado que lo pasado ya no lo puedes cambiar. Analiza tu situación presente, busca opciones de cambio si no es buena y, en suma, tómate la Navidad como desees dentro de los límites que todos tenemos con los nuestros seres cercanos. Es cierto que sólo es una fiesta, y al final, tiene la trascendencia que tú quieras darle. Si aun así, sientes una tristeza que no puedes comprender, que se repite todos los años, puede ser el momento de comenzar un tratamiento psicológico. En ocasiones existen situaciones no resueltas o conocidas que, sin saberlo, nos afectan.

José de Sola
DE SALUD PSICÓLOGOSPsicólogos en Madrid / Psicólogos en Málaga

Depresión en Navidad

Publicado en Medicina y salud, Pareja y familias, Psicología y salud, Relaciones sociales.