¿Por qué se rompe una pareja?. Aunque siempre deseamos que una relación de pareja sea para toda la vida, sin embargo, circunstancias personales y sociales pueden hacer que, en un momento dado, se rompa. A veces es inevitable, en otras ocasiones se podría haber evitado. El hecho es, sin embargo, que una vez roto el vínculo la separación física puede ser necesaria, aunque no siempre es fácil.

¿Cuáles son las razones más frecuentes para romper una relación de pareja?
Son muchísimas las razones por las cuales se puede romper una relación. Muchas pueden parecer objetivamente razonables, mientras que otras tienen un carácter más subjetivo y personal.
¿Cuáles son, desde nuestra experiencia como psicólogos, las razones más habituales que llevan a una ruptura?:
- La infidelidad. Aunque una infidelidad no siempre tiene que conllevar una ruptura, con toda la lógica del mundo, algunas personas no son capaces de mantener la confianza en su pareja y prefieren irse. El problema se agrava cuando la infidelidad es permanente, con la misma persona, con varias o durante periodos largos de tiempo.
- El maltrato físico o psicológico. Desgraciadamente es frecuente el maltrato físico o psicológico en la pareja y, por lo tanto, causa suficiente para abandonar la relación. Llama la atención lo poco conscientes que son de la gravedad de sus actos quienes maltratan, sobre todo en los casos de abuso y maltrato psicológico entre ambos miembros de la pareja.
- El cambio de las necesidades personales y visión de la vida. Es cierto que todos cambiamos con el tiempo, y también nuestros deseos y necesidades. No somos las mismas personas que hace veinte años, por ejemplo, y nuestras aspiraciones y formas de entender la vida pueden haber cambiado. Cada uno puede acabar buscando cosas diferentes.
- La influencia de familia y amigos. Desgraciadamente, algunas familias o amigos se entrometen en las relaciones, consciente o inconscientemente, pudiendo desequilibrar la pareja y generando enfrentamientos. Es el caso, por ejemplo, de padres entrometidos, celosos de que sus hijos se marchen de casa, o de viejos amigos que se sienten desplazados por la relación.
- Los problemas con los hijos. Los hijos son un regalo cuando se buscan y un tormento cuando no se desean o no se está en condiciones de tenerlos. Pero a veces llegan, y cuando vienen, es para siempre. Esta situación suele dar lugar a enfrentamientos y tensiones por diferencias en los criterios de educación u otras razones.
- La falta de comunicación. Muchas parejas hablan pero no se comunican, no tienen intimidad, no muestran sus sentimientos. Acaban siendo unos completos desconocidos el uno para el otro. El problema se complica cuando dicha comunicación se produce, pero con personas ajenas a la pareja, como padres, amigos o familiares.
- El poco tiempo dedicado a la pareja. El trabajo, aficiones, hijos, amistades o familia pueden restar tiempo a la pareja. Hemos tratado a parejas en nuestra consulta que, después de muchos años, se sentían unos completos desconocidos. Al final, se hacen conscientes de esta situación cuando los hijos crecen y se marchan de casa dejándoles solos sin nada que decirse.
- Problemas económicos. Pérdidas de empleo, fuertes diferencias en el patrimonio o ingresos entre ambos, con recelos y envidias, falta de recursos económicos, expectativas económicas y vitales que no se cumplen. Todas estas situaciones pueden generar tensión y acabar provocando distanciamiento, enfrentamientos o rupturas.
- Poca intimidad y cercanía sexual. Unido a lo anterior, la falta de intimidad o de contacto sexual deteriora habitualmente una relación, esencialmente si entendemos el sexo como un medio de crecer en la cercanía e intimidad.
- Problemas psicológicos. Una pareja trae a sus espaldas una familia, una vida anterior, una mochila. Y en ocasiones también trae problemas psicológicos que entran en la relación. Es el caso de las adicciones, el descontrol de la ira, los celos patológicos, la depresión, o el perfeccionismo obsesivo, entre otras.
- Promesas no cumplidas, engaños, expectativas frustradas. En la vida hay situaciones de extrema importancia para cada persona a las que no se puede renunciar. Por ejemplo, tener o no tener hijos, vivir en un sitio u otro, casarse o no, etc. Son deseos y decisiones vitales importantes que podrían justificar una ruptura.
- No dar la pareja la importancia que le corresponde. Este es un problema muy frecuente, la sensación de que no se está dando la importancia que le corresponde a la pareja. Por ejemplo, cuando uno de los miembros da más importancia a los hijos, a los amigos, a la familia o al trabajo.
- Hijos de divorciados, familias reconstituidas. Una pareja que se constituye con hijos de otras relaciones nunca ha sido fácil. Frecuentemente, nos encontramos con un choque de culturas, de tradiciones, de aspiraciones, de familias o vínculos anteriores al actual. El peso de los hijos, exparejas y familias políticas suele ser la causa más frecuente de enfrentamientos y problemas. A veces es difícil que cada miembro encuentre un hueco en la nueva relación.
- Enfermedades irreversibles. Es duro ver como una enfermedad grave, limitante e irreversible puede deteriorar una relación. Pero puede ocurrir. Hay que tener en cuenta que una enfermedad de estas características frecuentemente trunca las aspiraciones y objetivos de una relación.
- Distintas residencias. No siempre funcionan las parejas que mantienen una relación en la distancia. Bien sea porque se han conocido y viven en ciudades distintas o porque uno de sus miembros ha cambiado su lugar de residencia, por trabajo o por otras razones.
- Muerte de un hijo. Es, probablemente, la peor de las pesadillas. En ocasiones, la relación puede debilitarse debido al sufrimiento, a los reproches o a los sentimientos de culpa, principalmente si se ha tratado de un accidente.
- El aburrimiento. Algunas personas son inquietas, necesitan de un mínimo de estimulación, de distracción o de actividad que no acaban de encontrar en su pareja, produciéndose el temido aburrimiento permanente. Más de un paciente nos ha comentado en la consulta su deseo de marcharse de la relación por esta razón.
- Aparece otra persona. Siempre puede pasar. Que algún miembro de la pareja se enamore de otra persona y rompa la relación. La ruptura es habitualmente en estos casos, muy dolorosa, con una fuerte hostilidad, no sólo por parte de la pareja abandonada sino a veces también por el entorno social o familiar común que les rodeaba.
Sin embargo, una de las razones más difíciles de sostener en una ruptura es la desaparición del amor, sin más. Un proceso lento, sutil, pero progresivo. En estos casos realmente no ha pasado nada especial, concreto, simplemente el amor se ha ido. Se quiere a la pareja pero ya no se desea estar con ella, lo que convierte la ruptura en un infierno cargado de pena y sentimientos de culpa.
¿Cuándo me tengo que separar?
Como ya hemos comentado, no tienen por qué existir razones objetivas y evidentes para todo el mundo a la hora de afrontar una separación. Simplemente, debes separarte cuando sientas que la relación no te satisface, no te llena, no le ves solución, que lo has intentado y ha pasado tiempo, y no te encuentras bien. Sin embargo, no es fácil hacerlo, por ello te recomendamos la lectura de nuestro artículo ‘¿Te cuesta romper con tu pareja?’ en esta misma web.
Tampoco es necesario que te separes si crees que puedes solucionar o convivir con los problemas que tienes. No hay un criterio fijo, todo es muy personal y cada persona reacciona y lo percibe de diferente forma. En ocasiones es bueno dejar pasar un tiempo para confirmar que lo que se siente no cambia, que el deseo de irse persiste, que se han intentado solucionar las cosas sin éxito. Sorprendentemente, por el contrario, todo podría cambiar.
Lo que es claro es que nadie tiene que permanecer en una relación en la que no es feliz. Todo el mundo tiene baches, momentos bajos en los que se desea abandonar la relación. Sin embargo, si tu deseo de salir es constante en el tiempo y firme, no hay que buscar razones objetivas, simplemente sal de la relación.
No recomendamos mucho, desde nuestra experiencia como psicólogos, realizar rupturas y separaciones temporales ante una crisis, para ‘darse tiempo a pensar’, o para ver ‘si echo de menos a mi pareja’. La experiencia nos indica que tras estas separaciones temporales, si bien al principio hay una mejora, al final las cosas no suelen cambiar. Consideramos que la mejor forma de abordar una crisis es desde dentro, evitando ausencias que hemos visto que ayudan poco.
¿Qué es la Terapia de Separación?
Normalmente la Terapia de Pareja se percibe como un medio para solucionar los problemas de una pareja y hacer que funcione. Sin embargo, también se puede buscar ayuda psicológica cuando se tiene la firme convicción de que la relación se acabó y se desea finalizar de la mejor forma posible.
La Terapia de Separación es una aplicación específica de la Terapia de Pareja que tiene por objetivo acompañar terapéuticamente a las parejas que han decidido separarse, para que dicha separación transcurra y se desarrolle con el menor dolor posible.
En cualquier separación es esencial la calma, evitando que emociones y sentimientos como la desesperación, el miedo, la rabia o la tristeza aumenten el sufrimiento y nos hagan tomar decisiones inadecuadas, fruto del dolor y la impulsividad. Al mismo tiempo es esencial saber afrontar el dolor del duelo y la pérdida, así como los sentimientos de culpa que pudiesen aparecer.
José de Sola
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