¿Te cuesta romper con tu pareja?

En ocasiones, una relación de pareja se convierte en un infierno. Situaciones insoportables, discusiones constantes, convivencia difícil, malos tratos, falta de respeto, desaparición del amor, engaños o infidelidades, problemas con los hijos o con la familia política, aburrimiento, necesidad de cambios vitales, entre otras circunstancias, permanecen enquistadas durante años sin solución.

Hay que tener en cuenta que las relaciones de pareja no duran ni tienen por qué durar toda la vida, aunque se considere que es lo deseable. Diversos factores, como los indicados, pueden hacer que el curso de los sentimientos cambien, que las necesidades vayan en otra dirección o que la convivencia se haya hecho tan insoportable que exista la necesidad de acabar.

No obstante, no siempre la ruptura proviene de un acuerdo mutuo, incluso amistoso, de la pareja. El problema viene cuando uno se quiere marchar dejando al otro. Y esto no es nada fácil, no siempre se puede. Factores como la pena, el temor a dañar a la pareja, a los hijos, el impacto y presión en contra del entorno familiar, el miedo a la incertidumbre o a la soledad tras la ruptura, las implicaciones sociales y económicas son, entre otras, muchas de las razones que pueden llevar a un bloqueo permanente. Esto implica que, aunque no se quiera estar en la relación, ésta puede mantenerse deteriorada durante años o, incluso, toda una vida.

Quiero dejar a mi pareja pero no puedo

Quiero romper con mi pareja pero no puedo

Es frecuente tener claro que la relación se ha acabado, que no se es feliz, que se ha hecho imposible la convivencia, pero resulta muy difícil romper y salir de dicha relación. ¿Qué es lo que lo impide?. Como hemos indicado, las situaciones más complicadas aparecen cuando realmente no ha pasado nada grave, nada especial. Existe amor, pero se desea acabar, y esto lo hace considerablemente difícil.

Desde nuestra experiencia en nuestra consulta de psicólogos los frenos que con más frecuencia hemos observado son:

  • Inseguridad personal. No existe la percepción de valía o capacidad personal para iniciar una nueva vida sin pareja o para encontrar otra pareja (anuptafobia). Existe una sensación de cobardía que no es nueva en estas personas.
  • Miedo a hacer daño a la pareja. Queramos o no, cuando decidimos romper una relación y es una decisión unilateral, siempre haremos daño. Hay que contar con ello, no existe ninguna anestesia en este sentido. Sin embargo, como reflexión, debemos plantearnos que en los momentos clave de nuestras vidas, no podemos sucumbir a los deseos de otros, aunque los sentimientos de culpa nos atormenten.
  • Miedo a pasarlo mal, al duelo. El miedo al dolor, al duelo, a pasarlo mal. Es cierto que no todas las rupturas suponen un alivio, aunque se esté sufriendo. Con frecuencia echamos de menos los buenos momentos, añoramos el recuerdo de lo que fue la relación, al tiempo que notamos crudamente el vacío de la ruptura. En ocasiones, existe un duelo, aunque seamos nosotros los que hayamos roto. No es fácil dejar a alguien si existe cariño y aprecio. Es el duelo de quien abandona, de quien rompe.
  • Miedo a la soledad. Seguramente este es el peor de los temores. Mucha gente es capaz de mantener una mala relación por el temor a la soledad. El famoso dicho ‘más vale malo que bueno por conocer’ resume esta actitud de renuncia ante posibilidades inciertas en la vida. Estas personas pueden llegar a sufrir situaciones insoportables por no estar solas.
  • Presiones de la familia. Es habitual que algunas familias de costumbres conservadoras rechacen la separación o el divorcio. Son muchas las creencias religiosas que suelen estar detrás de esta actitud, además de un importante interés en guardar las apariencias. En estos entornos la imagen es importante y, una separación se vive como una vergüenza pública o una transgresión religiosa.
  • Presiones de los amigos. Las amistades de la pareja también son un factor importante ante la separación. Todos sabemos que las amistades, con toda su buena o mala intención, pueden entrometerse en los problemas de la pareja, influyendo en sus miembros, a veces, en direcciones opuestas. En este sentido, el temor a perder el círculo de amistades, con frecuencia el apoyo más importante, suele ser un factor esencial en el momento de una ruptura.
  • Miedo a dañar a los hijos. El entorno natural de unos niños es, efecto, una familia. Sin embargo, para que sea saludable debe existir una adecuada relación entre los padres. Si la relación es mala, las consecuencias no son buenas. En este sentido, una ruptura es más sana que un hogar enrarecido por la tensión, la frialdad o las discusiones. Poner a los hijos por delante, de parapeto, para evitar una separación no deja de ser un gesto de desesperación y cobardía personal.
  • Seguridad económica. Es un factor realmente relevante. Muchas separaciones se ven paralizadas por las dificultades económicas que puede suponer, tanto en concepto de pensiones, gastos de abogados, o de mantenimiento posterior por separado, principalmente si uno de los cónyuges es dependiente económicamente.
  • Amenazas. No son raras las amenazas cuando un miembro de la pareja quiere marcharse: ‘te vas a quedar sin nada como te vayas…’, ‘voy a ir a por tí’, ‘no vas a ver a tus hijos’, ‘no vas a poder estar sin mí’, ‘si te vas me quito la vida’, ‘si te vas te denuncio por maltrato’, etc. Dichas amenazas son tan terribles que en muchos casos llegan a paralizar cualquier decisión, dejando cautivo/a al amenazado/a dentro de una relación estancada, con distanciamiento, miedo y tensión irresolubles.
  • La vergüenza, el qué dirán. A algunas personas, por educación o tradición, le afecta mucho la imagen que pueden dar a su entorno, a su familia, hijos, amigos. Una ruptura se considera un fracaso, una vergüenza, un error o un pecado, según el caso.

Probablemente, sin embargo, la mayor de las dificultades es no saber cómo abordar la situación, cuándo, en que momento decirlo, principalmente si la pareja no espera la ruptura. No saber qué decir, que hacer para no hacer daño, cómo justificar la salida. Es mucho más fácil salir en el fragor de una discusión, de un enfrentamiento. Pero en frío cuesta, y mucho.

¿Cómo romper con tu pareja aunque la quieras?

La verdad es que, cuando alguien tiene claro que se quiere marchar de una relación, que no es un bache o un mal momento, nada puede hacerse en este sentido. Esto lo vemos constantemente en nuestra consulta de terapia de pareja online en donde lo mejor que se puede hacer es resolver la separación lo mejor posible.

Nadie debe quedarse a la fuerza en una relación en la que no se encuentra bien. Permanecer sin desearlo no se puede ni debe hacerse por nada ni nadie. Nuestra salud psicológica está en juego, por ello lo mejor es abordar la situación lo mejor posible. Somos víctimas de tradiciones culturales y religiosas del sufrir, aguantar, resignarse, de pensar más en los demás que en nosotros y esto no hace más que deteriorarnos psicológicamente. No podemos pretender sentirnos bien cuando nos encontramos en una mala relación que, desde hace mucho no funciona y no tiene solución.

Sin embargo, tal y como hemos visto, son muchos los obstáculos y temores a la hora de tomar la decisión. Por ello, indicamos algunos consejos que esperamos puedan ser de ayuda.

  • Ante todo, hay que tener en cuenta que es muy difícil romper una relación sin alguna pérdida, miedo o dolor. No podemos pretender ser indiferentes, quedarnos igual. Supone habitualmente un esfuerzo o un mal trago.
  • No pretendas estar seguro/a al cien por cien. Con frecuencia existirá la duda que solo se disipará con el tiempo.
  • La sinceridad es fundamental. Sea cuales fueren las razones por las cuales nos queremos marchar, debemos reconocernos a nosotros mismos y a nuestra pareja la verdad.
  • Los hijos nunca deben ser un impedimento para salir de una relación. Tus hijos son y seguirán siendo tus hijos dentro y fuera de la relación.
  • Es fundamental hablarlo en persona, evitando el ghosting, los mensajes de texto o el teléfono. Hace mas daño desaparecer o engañar que decir la verdad. Hay que ser valientes. Debemos ponernos en el lugar de la otra persona.
  • Asume que tu decisión siempre dolerá, hará daño. No se puede evitar. Quedarte significaría llevar una vida que no quieres.
  • No esperes ningún momento en especial. Nunca encontrarás la situación perfecta para comunicarlo, evita retrasarlo si lo tienes claro. Cuanto antes mejor.
  • Nunca olvides que no necesitas el permiso ni la aprobación de nadie para acabar una relación. Se trata de tu vida, de tu felicidad.
  • Nunca compares a tu pareja con nadie para justificar tu ruptura. Eso solo producirá mucho dolor y más enfrentamientos.
  • Nunca rompas estando enfadado, en un momento de ‘calentón’. Mucha gente busca provocar una discusión para sentirse más fuertes y romper. Es un gesto cobarde, sobre todo, si ya lo tenías decidido.
  • Habla con tranquilidad, de forma amable, intentando no dañar la autoestima de tu pareja con reproches injustificados.
  • No olvides que no tienes que justificarte por tu decisión, basta con que quieras marcharte. Es un derecho y una libertad que tienes contigo mismo y con tu vida.
  • Lo más habitual es que tu pareja quiera entender repetidamente tu decisión por más que se lo expliques. Ten paciencia, proporciona todas las explicaciones que puedas. No obstante, pon un límite si el interrogatorio se hace constante, obsesivo e interminable.
  • Refuerza siempre lo bueno que tiene tu pareja, y ha tenido la propia relación.
  • Asume tus responsabilidades. Tu también has hecho cosas mal, una pareja son dos, y es muy difícil que la culpa sea solo de una parte. Reconoce tus errores, lo que te corresponde. No eches la culpa de todo a tu pareja, no busques culpables para justificar tu salida.
  • Si tienes hijos, mantenlos lejos de tu decisión y del momento de romper. Nunca deben estar en medio de una ruptura, aunque tu pareja quiera implicarlos, ponerlos en medio.
  • Lo que tengas que decir, dilo de una vez. Evita ir dejando indirectas o manifestaciones de cualquier tipo para evitar confrontar de golpe la situación. Sé valiente, habla y di lo que tienes que decir, sin esperar a que te adivinen.
  • Evita la hipocresía, crear falsas esperanzas, con comentarios tales como ‘es posible que algún día podamos intentarlo de nuevo’ o “ solo necesito un tiempo para pensar’. Lo único que consigues es producir más dolor al descubrirse que es una farsa, una cobardía.
  • Procura decir la verdad, sin enmascarar tu decisión con argumentos ajenos al motivo real de la ruptura.
  • Tu pareja debe ser siempre la primera en saber que quieres romper la relación. Es una falta de respeto haberlo comentado antes a amigos comunes o familiares.
  • No retrocedas en tu decisión. No dejes puertas abiertas. No pospongas la ruptura o dejarte convencer de dar una nueva oportunidad si ya tienes claro que te quieres marchar, que no quieres estar.
  • No te paralices en tu decisión por el pasado, por los buenos momentos. El pasado ya ha pasado. Si tienes claro que tu presente no es el que quieres, debes salir de la relación. No olvides que todas las relaciones han tenido periodos de felicidad.

Aún así, el dolor, la tristeza y la rabia de tu pareja serán inevitables. Aunque tu deseo podría ser tener un buen final, incluso amistoso, no siempre dependerá de ti. Debes estar preparado/a para una tormenta emocional que te hará pasar muy mal rato. Acepta la posibilidad de que no querrán saber de ti, o rechacen tu ofrecimiento de una futura amistad. No se puede tener todo, son reacciones y actitudes que debemos respetar, fruto del dolor y deseo de pasar página. No pretendas que, tras haber roto la relación, tu pareja reaccione como a ti te gustaría.

El duelo del que abandona, el duelo del dejador

Si bien afrontar el abandono el duro y difícil, abandonar una relación también puede ser doloroso, principalmente si existe amor. Quien abandona también tiene que enfrentarse a una nueva vida, a un proceso doloroso, a un duelo. Es el llamado ‘duelo del dejador’. La persona que finaliza una relación se enfrenta al miedo a equivocarse, al propio sufrimiento, al sentimiento de responsabilidad ante el dolor de la otra persona, de los hijos, a las críticas de otros, a la sensación de culpa o a la incertidumbre del futuro.

A veces, en este proceso de duelo, existe un primer momento de liberación, de alegría, de sentir que ha desaparecido un peso enorme. Pero es posible que después, se inicie un proceso de decaimiento, tristeza, dudas y soledad. En otras ocasiones, no existe este duelo, principalmente si la relación ha sido un tormento.

En algunos casos podría producirse arrepentimiento, sensación de haberse equivocado o ansiedad y miedo a la pérdida si la pareja abandonada comienza una nueva vida con otra persona. A veces, se puede desear volver a la relación, intentarlo de nuevo, sentir que ha cometido un error, o que la relación de pareja era mejor de lo que se había sentido en su momento. Se suelen echar de menos los momentos felices o planes juntos.

En estos casos, en este proceso de duelo, debemos permitirnos sentir el miedo y la tristeza, aceptando esta pérdida, recordándonos igualmente y en todo momento los motivos por los cuales se rompió la relación. Es útil  valorar si siguen siendo motivos de peso.

 

José de Sola
Psicólogos Online / Psicólogos en Málaga / Psicólogos en Madrid

Cómo dejar a tu pareja sin hacerle daño

Publicado en Pareja y familias.